Érase una vez una actitud que se creyó leyenda, ilusa.

"La vida es una mala noche en una mala posada"...

Santa Teresa de Jesús

domingo, 17 de abril de 2011

Elí Elí ¿Lemá sabactaní? parte I

Domingo de Ramos, siempre soleado, con viento. Todos con ramos recibimos a Jesús, el que habla hermoso, que consuela como nadie, que hace cosas increbiles como por arte de magia. El mismo, siempre tan contradictorio a lo que es el mundo, es el que viene en un burro (qué extraño, el merece el mejor jamelgo, el más gallardo, el más hermoso), Jesús siempre manso, entra glorioso, lentamente, creíamos que estaba en silencio pero miles de años después nos dimos cuenta que estaba orando.

Todos los personajes de esa trágica pero magnífica historia apuntan a mí. Todos soy yo en algún momento, esa historia del judío que era inocente, que no hizo más que mostrar la verdad, ser generoso y curar al amar, y que fue asesinado y humillado hasta el extremo por su mismo pueblo, hace tantos años, en un lugar tan lejano... esta historia siempre me envuelve y tiene algo que ver conmigo...

Puede ser algo como hoy, que yo era el pueblo, siempre decepcionado de sus gobernantes, siempre temeroso, siempre deseando algo mejor, y por las malas para que aprendan... por eso grité hoy... qué importa quién es El después de todo, no nos sirve a como está ahorita la cosa, El no maneja armas, no es buen político, no tiene contactos, no tiene capital... no nos puede ayudar, y los malos siempre tengo la impresión que son más, que son más fuertes, que son invencibles.

Con tanta muerte, con tantos muertos diariamente, con el sonido de las balas despertándome a las 3 de la mañana, no tarda la muerte en tocar a mi puerta, en llegar a mi casa y mancharla, necesitamos algo radical, alguien entrón, valiente, un buen líder... y llegó entonces a mí el nombre: Barrabás.

Era una pequeña pero irresistible oportunidad de participar por fin en la vida política y social de mi pueblo, yo que siempre estoy escondida, yo que soy débil, inutil, transparente... y entonces vino a mi mente la posibilidad de que nosotros, los oprimidos por la violencia, fuéramos quienes tomáramos las armas y matáramos al fin a todas esas cucarachas que tanto dolor nos han inflingido. Que esto se acabe ya! cortemos de tajo tanta maldad, tanta tortura, tanta muerte... y si para eso tengo que entregar a un inocente, pues, qué le hacemos, alguien tiene que pagar... es el saldo, el precio.

Entre la excitación del posible éxito ante la desolación que vivimos, la esperanza de salvar a mi pueblo lleno  de miedo y angustia, y el tumulto que vibraba igual que yo, que sufría igual que yo, que había perdido a sus hijos, a sus padres, a sus hermanos en manos del martirio; surgío en mí una valentía nunca antes vista, la valentía que da la muchedumbre, el anonimato, el miedo y... grité...

Crucifícalo!!! a El crucifícalo!!! a mi qué me importa su suerte, danos a Barrabás... y que su sangre caiga en mi y en toda mi descendencia, total, eso a quién le importa... ahorita a El, crucifícalo...

Y su sangre cayó, en mí, en mi descendencia, y caerá por siempre... pero no para mancharnos, sino, como todo lo que El hacía, tan contradictorio al mundo, su sangre se derramó para lavarnos de tanto odio, el mismo odio que me llevó a mí hoy, a entregarlo a la muerte...