Érase una vez una actitud que se creyó leyenda, ilusa.

"La vida es una mala noche en una mala posada"...

Santa Teresa de Jesús

lunes, 21 de febrero de 2011

Notas breves del dolor

Vacío y suficiente, el dolor llega físicamente, y te enfrenta a una realidad que siempre tuvo la gracia de esconderse. El dolor detona caridad y empatía o bien, desgarra envidias y proclama maldiciones.

El dolor en el cuerpo llegó un día y golpeó la cabeza tan fuerte que no se salió pacíficamente. Una pluma en el viento era el cuerpo, sin voluntad, sin entrada, sin salida. El dolor hace bajar al infierno y tocarlo con un pie, y es cuando el cuerpo entiende su caracter purificador, analogía del fuego, que quema y limpia, y mata, y enciende.

El dolor llegó al alma una gris mañana de cumpleaños, casi siempre llega de manera sorpresiva, como si se estuviera escondiendo detrás de la cortina y esperara el momento más ingenuo para encajar sus puñaladas. Y la oprime y la ablanda, y un gran pie aplana el pecho que con suerte muy apenas se levanta.

El alma adolorida pierde su peso, se hace leve y por lo mismo levita. Toca con su mano el cielo y es cuando uno entiende el caracter divino del alma, que es capaz de soportarlo, de guardarlo, acariciarlo o soltarlo para que vuele con sus alas negras, desgarradas.

Al ser carne y alma aprendemos que el dolor con sus colores algún día llegará enfrentandonos al miedo, al delirio a la tempestad... efímero viajero que derrepente ancla. Y ancló.

Luego vuelve a amanecer, y el sol vuelve a brillar y el dolor puede esconderse, ya no lo quiero más.

domingo, 13 de febrero de 2011

Lo que veo en el espejo

Desde pequeños mi hermano menor y yo, tenemos la rara costumbre de platicar con el espejo, cantarle, contestarle al individuo que nos habla desde ahí. Y todo esto en la intimidad de nuestro baño y en la seguridad de nuestra soledad. Probablemente estamos loquitos. Pero también probablemente ésta sea una manera de recibir algunos mensajes desde nuestro centro.

En fin, este “ritual familiar” y otras cositas me llevan a pensar qué tan importante puede ser para la gente la imagen que recibe del espejo. Y también qué tan real o ficticia puede ser. Yo misma, mi cuerpo ha pasado de ser una niña enfermiza, a otra más bien gordita, a ser una curvilínea bailarina en carrera, a ser una profesionista un tanto descuidada, a ser una novia esbelta y deportista, a ser una talla plus de postparto, a ser una señora a duras penas en talla regular que lucha por perder varios kilos que la vida le ha adjudicado.

Es irónico pero en los mejores años físicos de mi vida siempre me sentí incómoda por algún aspecto de mi cuerpo, y ahora que veo las fotos no puedo más que exclamar ¡por Dios, y yo que me sentía gorda, e insegura! Qué desperdicio. Si en ese entonces me sintiera con mi cuerpo como me siento ahora, todo lo que hubiera logrado y disfrutado mi existencia.

Y es que parece que hoy en día es un verdadero disparate no ser talla 4, no tener cuerpo musculoso, ni redondos pechos que contradicen a la gravedad, no estar en mi peso ideal, no estar bronceada eternamente y aun así estar contenta con mi cuerpo.….¡QUEEE! cómo es posible esto, si soy una mujer moderna que ve todo el tiempo esos programas de las fabulosas “Esposas Desesperadas” y los inolvidables “Friends” y las cuarentonas que salen ahí no pasan la talla 0!!!!  Probablemente debería darme vergüenza… pero no me da.

Y esto da como resultado otra actitud socialmente no aceptada: ¿cómo es posible que no pienses hacerte una cirugía estética en ningún punto de tu  imperfecta anatomía? Pues, no. Siempre he admirado tanto a las mujeres feas pero hermosas, esa contradicción, aquellas que abren camino, que levantan silencios y recogen miradas sin ser perfectas, ellas de manera inconciente me han enseñado en dónde radica la verdadera belleza y atractivo humano. Ellas brillan.

Posibles respuestas:¿Será que cuando una mujer se siente amada, no hace falta sentirse “tan deseada”? ¿Será que en realidad la belleza es una “actitud”, el resultado de ser quien quiero ser? no lo sé, sólo sé que veo mujeres exuberantes y hermosas en la televisión que no conocen la autoestima y también veo mujeres avejentadas prematuramente por el sol, los hijos y los trabajos, que con una mirada y una sonrisa te hacen olvidar la desdicha, porque su mirada brilla.

Hablar es muy fácil, y yo sigo en la eterna búsqueda colectiva de lo que todas llamamos belleza, y a pesar de mi instintiva frivolidad y mi manía de verme en los espejos, mi concepto de ella cada vez tiene más que ver con la luz, que con los colores y las formas.

viernes, 4 de febrero de 2011

Inventario en la orilla de mi cama




 Después de tener a mi segunda bebita, ya sabía lo que me esperaba: noches de desvelo, ropa extralarge, brazieres con abertura y pads de lactancia al por mayor. Sabía que me quedaría con 11 de los 16 kilos que subí en el embarazo y sabía que le daría pecho a mi bebita hasta que ella misma dijera “ya no” o en su defecto hasta el año de edad. Sabía que mis pechos se convertirían en algo que ya no era mío y que el dolor, la fiebre, la sangre o los calores propios de mi tierra, ni siquiera la terrible mastitis, podrían alejar a mi bebita de su leche materna. Y sabía que todo eso valía la pena.

Ya sabía que ese primer mes no es eterno, que iba a pasar y que mi bebé y yo íbamos a sobrevivirlo (detalle que no conocía cuanto tuve a mi primer bebé y que me estresaba terriblemente) que pronto me volvería a ver en los espejos (mi hobby preferido) y que algún día recuperaría mi condición de mujer y, por más imposible que pareciera, sabía que algún día podría volver a usar tacones.

Sabía que la depre post parto no es sicológica sino hormonal y sabía que la bebita no nació siendo experta en tomar de mi pecho. Sabía que mi marido seguiría sin saber nada, sin tener idea de lo que yo estaba sintiendo y viviendo; y que me aguantaría absolutamente todo, sabía que esa era su forma de amarme en ese extraño momento.

En fin, en la infinita sabiduría que da ese primer parto y que te hace hasta poder disfrutar del segundo, descubrí algo que sería trascendente para mi persona. 

Un día me senté en mi cama a hacer un inventario personal. Tenia una bebita recién nacida, una nena de dos años, una casa nueva, y no tenía ni carro (el cual vendimos para comprar la casa precisamente) ni un peso para un gimnasio. Tenía un marido con empleo, una bici estacionaria, un cuarto sin usar, un video de pilates y otro de yoga, unas mancuernas y un tapete. Y la autorización del doctor para hacer ejercicio a los dos meses de parida. También tenía algo de tiempo libre en la mañana. Tenía sobrepeso y tendencia a llorar fácilmente y no tenía ganas de hacerlo. 

Puestos los activos y pasivos de mi vida personal, reacomodé los recursos y decidí cambiar mi administración.

Para empezar tuve los elementos que me demostraron que el ejercicio se hace por gusto, porque es antidepresivo natural y porque es muy satisfactorio sentir que físicamente estás trabajando para ti. Fue entonces cuando descubrí el verdadero placer de hacer ejercicio. Toda mi vida el único objetivo de ir al gimnasio era adelgazar. Ahora no era así, era más trascendental: el ejercicio me ayuda a estar feliz y a sentirme bien y eso es mucho más importante (aunque no puedo olvidar los maravillosos efectos secundarios).

Me di cuenta que al hacer un inventario, ahí sentadita en mi cama, descubrí el panorama de mi vida, luego entonces, pude tomar las riendas de ella y trabajar por mi armonía personal y la de mi familia.

Decidí que mis hijas serían la prioridad de mis agendas y mi marido la de mis preferencias. Que las enfermedades son en su mayoría causadas por una mente agobiada y un alma descuidada. Decidí que fortalecería mi mente y mi alma para no enfermarme y esto les trasmitiría a mis hijas. Que puedo llorar, reir, sentirme bella o fea, tener aciertos o pasar ridículos siempre y cuando sea  conciente que cada cosa tiene vital importancia en el inventario de mi vida.

miércoles, 2 de febrero de 2011

El obscuro arte de adelgazar



Hay una campaña que me llamó mucho la atención en la calle. Muestra una señora bonita pero “llenita” sonriendo que dice “hoy decidí dejar de ser gorda” o algo así.  Suena fácil, pensé sarcásticamente, suena muy fácil.

Lo que no suena fácil es cargar con todo el peso de las acciones que hay que tomar para hacer realidad una decisión así. A veces es más fácil cargar con el peso de tus propios kilos. Y no sólo me refiero a adelgazar físicamente. Yo creo que en este momento de mi vida, la palabra adelgazar es mucho más trascendente que llegar a una talla. A ver, analicemos un poco….cuando estaba en la carrera, adelgazar significaba, fumar mucho y beber café hasta el cansancio en vez de cenar y bajar ese centímetro de abdomen que “nos sobraba”. Ahora, fumando muy poco, 21 años, muchos viajes de trabajo y dos niñas después, es un reto que aburre, fastidia y a veces hasta ofende… Fin del análisis.

(Si esto fuera un guión podría: “tono ya molesto”:)¿Qué dietas no he seguido? Ya sé perfectamente lo que está bien y lo que está mal en la mesa (y no me refiero a los modales). La teoría ya fue aprendida y la práctica practicada, y aunque la meta en diversas ocasiones se cumplió y la satisfacción de verme en el espejo fue mucha, de una u otra manera siempre tengo que volver a empezar, como ahora.

Y mientras tanto mi amiga en las mismas, tratando de adelgazar 25 kilos para poder embarazarse de nuevo a los 37 años de edad. Mi comadre luchando contra sus falsos y crueles demonios de la fealdad e investigando nuevas cirugías. Mi madre en la Zona, mi vecina tomando pastillas y aquella otra dejándose engordar de la depresión de un mal marido. Otra aprovechó la histerectomía que le hicieron para erradicar un cáncer, para hacerse una lipo y alguna aprovechó la lana de su novio rico para reconstruirse su ya de por sí perfecto cuerpo. Mi amiga la del cuerpazo, inyectándose cosas para la celulitis, ni qué decir de aquella que acaba de bajar de peso de su reciente parto, se dio cuenta que sus cuentas no cuadraron y en 8 meses tendrá bebé de nuevo y de nuevo volverá a empezar. La doctora que recetó a dos de ellas pastillas para adelgazar se huyó si dejar rastro ni paradero y se rumora que dejó a un paciente en coma. Las modelos y actrices son cada vez más delgadas y cada vez hay postres más deliciosos en Chilis, no sé, el vivir esta paradoja creo que me está trastornando.

(después de 9 meses….)

Vaya, no ha sido tan difícil después de todo, he bajado casi 9 kilos y me faltan aun por lo menos 3, pero ya luzco muy diferente, mi amiga ya bajó 11 y también se ve muy bien. El resto de mis amigas ya convalecieron de sus operaciones o tratamientos y disfrutan sus cuerpecitos. La del mal marido sigue igual, solo cambio de color de pelo, y la embarazada ya hasta disfruta de la idea.

Y me pregunto…¿que va a ser de mí si llego a mi peso ideal? Extrañaré la eterna zozobra de no pasarme de raciones y el consabido cálculo matemático para lograr balance entre carbohidratos, grasas y proteínas. ¿Estaremos mis amigas y yo dispuestas a responsabilizarnos de una vida sin pensar en el peso, sin echarle la culpa de nuestros fracasos y descuidos a nuestro físico?¿podremos aceptar la idea de que si nos vemos diferentes no es porque estamos gordas sino porque estamos envejeciendo? (Para el guión: mirada al infinito...) no sé, ya llegará el día en que tengamos que decidir esas cuestiones. Hoy por lo pronto me pongo mi pantalón apretadito, blusa ajustada y mis tacones, salgo al balcón, cierro ojos, abro brazos y, como Leo, pienso… “I am the queen of the world”.


(Artículo escrito en 2006)