Organizando la piñata de mi hija menor, me enfrenté con un fascinante cuestionamiento acerca de las “cosas de niños” y las “cosas de niñas”.
Al preguntarle a mi inocente criatura de 3 añitos de qué quería su piñata su carita se iluminó, sus cejas se fruncieron y con voz ronquita me dice fuerte: ¡espaidemen!! (traducción: spider man, el hombre araña). Me pareció fascinante su decisión y su individualidad, después de todo Spider Man siempre ha sido uno de mis superhéroes preferidos, es infinitamente mejor que el nerd de Super Man (empezando por el traje y el hecho de que puede caminar por las paredes), es fotógrafo de profesión y.. en fin, puedo hablar toda la columna de él, pero no perdamos el punto.
El caso es que mi fascinación duró poco, solo el tiempo que me tardé en darme cuenta que spiderman es cosa de niños, no de NIÑAS. Sobre todo tomando en cuenta que mi hija mayor vive la vida color de rosa literalmente, cruza la piernita al sentarse y se sabe el nombre y apellido de todas las princesas existentes.
Traté de hacerla recapacitar (sin estar convencida de ello) y entonces se quedó pensando… y cambiando de opinión emocionada me da su segunda opción: ¡vinosauyos!!! (traducción: dinosaurios!).Me pareció aun más fascinante, nunca voy a olvidar la primera escena de un dinosaurio (broncosaurius) en Parque Jurásico… me quede literalmente boquiabierta, con respiración cortada y todo. Pero había otro problema, ni a su padre ni a su hermana les pareció digno del tema de piñata de una hermosa niña. El papá hizo un enorme esfuerzo de persuasión y finalmente quedó un tema imparcial, trillado y típico.
Pero entonces ¿qué tendría de malo que a mi niña le gustaran esos personajes que, analizando detenidamente, son más interesantes que las princesas (dije interesantes, no bellos ni glamorosos)? ¿personajes de acción que tienen identidades fantásticas y habilidades atléticas son sólo de niños? ¿ los animales colosales cuyas características físicas e históricas nos dejan boquiabiertos, son de niños? ¿de cuántas cosas me habré perdido en mi infancia por ser “cosas de niños”? ¿de cuántas me estaré perdiendo en estos momentos por ser “cosas de hombres”? no sé. Pero creo que los hijos nos enseñan a abrir nuestros horizontes con sus reacciones puras e instintivas y nos ayudan a algo cada vez más difícil en este mundo sofisticado: nos ayudan volver a la base de nuestra esencia que probablemente no tiene nada que ver con el ser niño o niña.
Siguiendo el ejemplo inocente e instintivo de mi hija por fin me he comprado la revista de modas “para hombres” que siempre me ha encantado, lo hice sin remordimiento y creo que empezaré a quitarles el “sexo” a cosas y de esta manera conocer más no al hombre o a la mujer, sino a lo que está adentro.
(Artículo escrito en 2005)

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