Habrá que tomar en cuenta el siempre vivido y jamás mencionado placer de no solo decir, sino aplicar con todos sus pies, una buena y gradielocuente palabra dominguera.
Probé la sustancia y es INOCUA... son más de ochenta los que cruza su OSAMENTA... estuvo muy ABRUPTO el cambio... qué camino más INSOSPECHADO...
En fin, que me digan que no es precioso saborear un idioma y viajar por sus hermosas palabras domingueras aunque rara vez sepamos bien qué significa... siempre he pensado que el idioma es la proyección más banquetera de la vida y la cultura... el acento alemán y su relación con la milicia, el francés que besa dulce en un país por demás estético... el chino corto y cortante como los ojos de sus hablantes...el italiano tan impulsivo y colérico como la mafia... los idiomas amigos (o sea los noruegos, belgas y daneses) como un amigo que cae bien pero al que no se le entiende nada... el portugues, super cachondo y playero como la samba y las tangas... y el español mexicano, claro, con sus palabras domingueras que ya no se dicen, ni en domingo, y sus dichos de rancho, y sus nombres de pila y sus coplas predican y sus bombas que riman, sus acentos y sus dichos...
El idioma maltratado, mutilado, agringado, vendido, nuestro idioma, nuestra herencia, nuestro signo... no me cansaré de promulgar mal que bien la palabra dominguera y el dicho de rancho, que en cada letra del idioma, viene tácito un idilio...
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