Ya ni me acordaba donde estaba pero un amigo mío me pidió que lo acompañara y me llevo y gustosa fui. No recuerdo ni siquiera hace cuánto no visitaba aquel inmueble, que cuenta ya con estacionamiento techado, elevador y sus dos pisos de colorida y olorosa mercancía.
Lindo el lugar, limpio, amontonadito cual debe ser, lo primero que me saltó en cara fue un changarro –uno de tantos, había muchos con esa mercancía- repleto de unos vestiditos muy monos, como en organdí (que no se que tela es pero, así como suena se veía el vestidito) de todos colores, la “chasarilla” o camisita formal y el shorcito, con sus bordes en encaje muy nice. Ya cuando tuve tiempo de enfocar, después del salto inicial, noté que para ser de bebé eran demasiado chiquitos… son de muñeca pensé que lindos…. Varios minutos, changarros y pasillos después caería en cuenta que son “para que vista al niño, ahora que lo levante el día de la Candelaria” (Señor del Huerto y yo de irreverente que quité todo el decoro navideño antes de que los Santos Reyes llegaran, lo pobres yo creo que llegaron y se sacaron de onda y ni vestí al niñito por Dios).
Me encantan los mercados típicos, me hipnotiza tanta mercancía, me pierdo en sus detalles, los colores que ves en ellos están en vías de extinción, los olores grasientos y deliciosos te llaman como el pecado a la carne, la gente es vendedora de “nacencia”, te colocan lo que veas, te convencen, te van bajando los precios nomás al irte viendo la cara (que al final a veces te la ven). Siempre hay movimiento, siempre hay vida, todo arreglado y a la vez espontáneo, todos se conocen y te recomiendan al de al lado si ellos no lo tienen.
El mercado Juárez además es un crisol en donde se amasa un sincretismo que, aunque contemporáneo, venimos cargando hace mucho tiempo…
Ahí está la señora hermosa que junto a su amiga tejen canastas, en una esquina que hierve canastas de todos tamaños. Están las mejores hierberías, las más completas, las que proveen del delicioso aroma a pasto, maderas y manzanilla, evocador de los antepasados, del campo, de todo lo bueno que es gratis, lo que da la tierra.
Están desde Saltillo los jorongos, calientitos, grandes, grises, con grecas, con “diseño” y tradicionales… está el cabrito en salsa, la fritada y la paleta, recién hecho, listo para servir al ejecutivo que trabaja cerca, y a la raza antojada del norte… están las fruterías inverosímiles y las tiendas de todos los productos imaginables que pudieran estar hechos de barro… la esquina con revistas viejas que ahora llaman vintage y que son fascinantes… las veladoras, los inciensos de todos sabores y colores, los huaraches y en medio de todo, en todas partes, viéndote desde todos los ángulos, de todos los tamaños y materiales, está la santa muerte…
La Virgencita de Guadalupe tristemente desplegada a un segundo o tercer plano, los santitos en sus tiendas sí, pero allá atrás, tristeando, empolvados. La santa muerte haciendo su agosto y con ella los comerciantes que la ofrecen con consignas que presumen ayuda para cuidar negocio, para evitar infidelidad, para alejar mala suerte y mal de ojo, para proteger de la maldad… Me dio temor, curiosidad, sorpresa, incredulidad.
En cuestión de minutos, ya estaba yo en una hierbería en donde la persona que me atendía –de sexo indefinido, cutis maltratado y buen vendedor- tenía a bien recomendarme para mis males el te “digital”... "ya sabe seño, para todo lo de la mujer, le limpia muy bien, le ayuda con las hormonas"… de manera tan convincente que lo compre sin parpadear. Al pagar en la vitrina, una imagen tamaño Barbi de la santa muerte esperaba parada entre él y yo… "y la venden mucho?" Le pregunté sonriendo como queriendo yo chacotear… me miró a los ojos, y serio me dijo: "la creencia, es la creencia… ese ser no es bueno ni malo, pero, ahí está… al final, si algo tenemos seguro es que nos va a llevar"…
Capté la seriedad del asunto y entendí que más que miedo había respeto, y que en esos lares, esto no se presta al chacoteo… agradecí y me retiré tratando de no ver esas imágenes que aunque para mí no tienen sentido, sí me incomodaron, sobre todo me incomodó saber que para alguien más, para mucha gente es completamente sensato el hecho de que la muerte sea santa y los proteja…
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